Entre viagra, medicamentos para la retención de esfínteres y píldoras para la memoria, las pastillas del abuelo hicieron vibrar a Villa Ballester. El viernes pasado, pity y compañía llevaron la fuerza y la poesía, rockera y cotidiana, hasta el Gran Buenos Aires, continuando con su gira por el interior del país, esta vez, con Cielo Razzo como banda invitada.
En el Club Alemán, las tuercas encontraron la vuelta y el sonido fue genial. Las ganas de siempre se notaron en los chicos de Caballito que, sobre el escenario, siempre transpiran la camiseta como si jugarían una final. Cielo Razzo muy bien como siempre, pero lo dejaremos para más adelante.
Osiris, del segundo álbum las pastillas del abuelo editado en 2006, empezó la cadena de rocanroles, chacareras y candombes, regalando acordes de Sabina y Piazzola, para después explotar con Peldaño. Aunque la espuma no pudo bajar la temperatura, si pudo mojar los globos que le dieron color al estadio.
Lo lamentable fue la cantidad de seguidores que denunciaron robos de celulares y billeteras. Eso opacó mucho la fiesta, pero la mayoría pudo disfrutar del show.
Se hicieron conocidos en la Rock & Pop, crecieron gracias a Internet y cuando tuvieron la chance, en el Pepsi Music 2005, no la desperdiciaron. Una banda fiel a las raíces argentinas, mezcladora de sonidos rioplatenses y compositora de una poesía simple e inteligente como pocas. Resumiendo, los muchachos que idolatran a sus viejos, y a los viejos de sus viejos, son creadores de la música que más disfruta el animal humano, la que más representa al rock argentino de hoy.
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